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La Colmena. Sipnosis


Cela, Nobel español


José Camilo Cela (1916-2002)
Premio Nobel de Literatura 1989.




El final de la Colmena me ha parecido sublime, Cela consigue cambiar el ritmo de la novela. La realidad que dibuja desnuda, casi cruel durante todo el relato, sin espacio para la poesía, se rompe al final.
Comienza el capítulo sexto relatando la mañana que deja sitio para la esperanza. El amor en el suburbio de Martín y Purita; el fracasado bohemio y la prostituta y los versos que éste le dedica.

"Imagen alta y tierna de consuelo,
aurora de mis mares de tristeza,
lis de paz con olores de pureza,
¡precio divino de mi largo duelo!"

Y termina el capítulo con el buen hacer de Cela, que al igual que Dalí pinta un garabato o el Cristo en la perspectiva mas imposible, iguala lo más puro con la vulgaridad, en categoría semántica de igual rango.

"La mañana sube, poco a poco, trepando como un gusano por los corazones de los hombres y de las mujeres de la ciudad; golpeando, casi con mimo, sobre los mirares recién despiertos, esos mirares que jamás descubren horizontes nuevos, paisajes nuevos, nuevas decoraciones. La mañana, esa mañana eternamente repetida, juega un poco, sin embargo, a cambiar la faz de la ciudad, ese sepulcro, esa cucaña, esa colmena..."

El capítulo final nos permite soñar con los sentimientos nobles de los protagonistas principales que durante todo el relato tejen un círculo en torno a Martín, hilo conductor del relato, creando unos vínculos que nos devuelven la fe en el ser humano. Mientras, él, ajeno a su futuro inmediato sueña con las mujeres más importantes en su vida. Purita, su hermana y su madre.

Como curiosidades me ha llamado la atención el nombre de las gafas: Las impertinentes.
También el nombre de una integrante del reparto de protagonistas, Tetoncia. En una ocasión escuché a Cela decir, en una de esas chorradas que sólo los genios pueden permitirse, que si tuviera un hijo lo llamaría Cojoncio, y a una hija Tetoncia. Ésta nos la coló en la novela.

La Colmena y su música

¡Ay, mi morena, morena Clara!- Plácido Domingo

La del manojo de rosas - pasodoble de la zarzuela

La cumparsita - tango de Gerardo Matos Rguez

La Colmena, conclusiones finales

Querid@s ratoncill@s,

he estado muy ocupada estas semanas. Veo que no soy la única.

Aunque ya me acabé La Colmena hace tiempo, quiero compartir con vosotr@s el sabor de boca que me ha quedado, antes de pasar a Matar un ruiseñor.

El argumento de este libro, por llamarlo de alguna manera, me recuerda a Gran Hermano. Saca el voyeur que hay en cada uno de nosotros, nuestro mirón. Nos obliga a contemplar cada uno de los detalles de los personajes del libro, de día, de noche, comiendo, hablando, bebiendo, amando, sufriendo. Ignoro si ya existían las películas sin principio ni fin que nos cuentan un trozo de la vida de los protagonistas. Esta novela, por llamarla de alguna manera, es pionera en el estilo.

Con simplemente tres días escasos de descripción exhaustiva de los personajes de Madrid en la posguerra, mejor dicho, de la vida en la ciudad; me doy cuenta de que todos somos iguales. Abejas en la colmena. Al final todo se reduce a intentar sobrevivir. Comer, relacionarse, dormir, sobrevivir. El título está muy bien puesto.

Aunque esta obra está plagada de personajes, para mí el protagonista es Martín Marco. Es a través de él que conocemos a los demás: el café donde pasa un par de horas al día, la gente con la que relaciona. Allí por donde pasa, nos abre los ojos a la vida en esa esquina, en ese lugar.

Por último, el final. Es si cabe más desazonante que la novela en sí. Deja a nuestra imaginación inventar el problema... y la solución. Me enternece ver cómo todos los conocidos de Martín Marco se preocupan por él. Es nuestro concepto españolísimo de la solidaridad, en esta sociedad individualista al máximo donde estamos todos mirándonos embobados el ombligo, damos la talla en los momentos cumbres. Así somos. Yo, como soy muy optimista, prefiero pensar que todo se soluciona, nuestro hombre encuentra trabajo, novia, casa y sale adelante. Igualito que España lo ha hecho como país.

Y vosotr@s, ¿qué pensáis?

Chocolate con churros

chococh.jpg

No pongo la fotografía de mis churros porque salieron amorfos. No tengo churrera, y los hice con una manga y boquilla de hacer croquetas, con lo que salieron gordísimos, además los rayé con un tenedor, y al no ser profundo el corte no se hicieron por dentro, pero creo que la receta que os pongo es perfecta, y el chocolate está buenísimo.


Bollos suizos

Si hoy os habeis levantado de buen humor, con ganas de comeros el mundo y dar un giro de 180º a vuestra vida, como Martín Marco, tenéis que desayunar unos bollitos suizos.

La masa se puede preparar la víspera. Luego se la deja dormir en la nevera para cocerla por la mañanita. ¡Cómo huele la casa!

Bollos suizos
Adaptado de Cocina profesional II
10 bollitos de 50 gr.

Ingredientes:
  • 250 gr. harina
  • 1 sobre de levadura de panadero desecada (5,5 gr.) o 25 gr. de levadura de panadero fresca
  • 50 gr. azúcar
  • 50 gr. mantequilla, derretida
  • 1 huevo
  • una pizca de sal
  • 100 ml. leche
  • huevo batido y azúcar para decorar
Método:
  1. Todos los ingredientes deben estar a temperatura ambiente. Pon en un cuenco harina, sal, levadura, azúcar y revuelve.
  2. Añade el huevo batido y la leche poco a poco. Sin dejar de batir vete incorporando la mantequilla. En este momento, yo tuve que añadirle tres cucharadas más de harina a la masa. Esta debe estar blanda, pero no pegajosa.
  3. Si tienes una batidora tipo Kichen Aid, lo dejas un cuarto de hora. Si lo amasas a mano, supongo que necesita por lo menos media hora. Cúbre la masa y deja que leve en sitio templado hasta que doble su volumen.
  4. Pasado ese tiempo, aplasta la masa para que salga todo el aire. Divide la masa en trocitos de 50 gr. Dajes forma ovalada y ponlos en una placa de horno forrada de silicona a levar una segunda vez.
  5. A mitad de la segunda levada, haz un corte transversal en los bollitos.
  6. En este momento se pueden meter en la nevera a dormir o acabar de hacerlos. También se pueden congelar.
  7. Tanto si quieres acabar ya como si quieres hacerlo a la mañana siguiente, aquí está lo que has de hacer: enciende el horno a 250ºC.
  8. Pincela con mucho cuidado los bollitos con huevo batido y espolvoréalos con azúcar.
  9. Cuecélos 10 min.
¿Os imaginais este bollito bien empapado de café con leche o cola-cao? ¡Ummmmmmmmmmmm! Comenzando así el día, nada puede ir mal...

La Colmena, primeras impresiones

Leyéndome esta obra, me da la impresión que me he metamorfoseado en una mosca. No soy una mosca cualquiera, no. Vuelo de mesa en mesa en el café de doña Rosa pringando a los protagonistas y, además, me muevo en el tiempo: del pasado al presente sin orden de continuidad.

Para mí, este es el gran logro de La Colmena. Camilo José Cela salta de un personaje a otro, de un escenario a otro ofreciéndonos pequeños fragmentos de la vida de gente absolutamente común de Madrid por un espacio de tiempo verdaderamente corto. Sin embargo, resulta tan exhaustivo, que juntando todas las piezas obtenemos un mosaico completo de la escena. Es un puzzle, una obra de patchwork literario. Algunos trozos están rotos, otros sucios, otros brillan, otros están desenfocados: todo junto es el Madrid (¿la España?) de la posguerra...

Este ambiente de posguerra es de lo más oprimente, deprimente. Cosas a las que ya no estamos acostumbrados (que esperemos que no vuelvan, con los aires que corren actualmente...) o tal vez soy una privilegiada y he vivido sin estas escenas: chicas vendiendo su cuerpo, pobres que no tienen donde caerse muertos, oficios extintos, niños cantando por dinero a la puerta de los bares.

Me hace gracia que a pesar de todo el tiempo transcurrido (casi 70 años), las costumbres españolas prevalecen: el café después de comer, la merienda en el bar, las tertulias, las partidas de cartas, las noches largas a copas, los cotilleos, el país de los favoritismos...

A las alturas que estoy en mi lectura, comienzo a entrever la conexión de los personajes, veremos a dónde nos lleva...

Capítulo I

                            (Óleo de Ernest Descals)


La primera impresión que me produce la novela es tristeza; estoy embargada de un malestar que me causa la atmósfera que se respira en el Café de Doña Rosa, donde las horas parecen tener noventa minutos.
El tedio lo invade todo, el escenario y  cada uno de los personajes que Cela empieza a encuadrar y referenciar en una época de la historia de España bastante dura: La posguerra.

Cada escena es relatada desnuda de cualquier tipo de piedad. Son escenas muchas veces crueles como la vida misma; Elvirita, la Señora del hijo muerto, Martín Marco expulsado del café...todo rezuma sordidez, amargura, melancolía. Parece que la vida se ralentiza ante la ausencia de contenido  -"Hay tardes en que la conversación  muere de mesa en mesa, una conversación sobre gatas paridas, o sobre el suministro, o sobre aquel niño muerto..."

La constante humillación a la que someten a los personajes: camareros, echadores, cerilleros, limpias...(Dicho sea de paso  hace un recorrido por oficios extinguidos).

La Colmena iba a ser parte de una serie de libros llamados Caminos Inciertos. Quizás la censura hizo que se quedara sólo en uno.
Aún no entiendo el por qué de la censura de su publicación, quizás en los capítulos siguientes encontraremos la razón.

Camilo José Cela

Querid@s ratoncill@s:

A pocos días de acometer nuestro próximo libro, La Colmena, continúo la tradición de contar un poco de la vida de su autor y de la obra, para situarnos. Estoy especialmente ilusionada por ver cómo resulta nuestro nuevo formato. Os recuerdo, ahora escribimos tod@s.

La Colmena es una novela dividida en seis capítulos y un epílogo. Su objetivo no es contarnos la vida de alguien en particular, sino de mostrarnos un trozo del enjambre (Madrid) durante un breve espacio de tiempo (tres días). No tiene comienzo, medio, ni fin. No tiene orden cronológico. No tiene un protagonista... sino varios cientos. Cela nos da las celdas, nosotros montamos la Colmena. Supongo que sería una novedad cuando se publicó. Ahora estamos acostumbrados a este formato a través del cine: hay muchas películas así, simplemente nos muestran un fragmento temporal de la vida de los protagonistas, que continua cuando la peli se acaba (dejándome un poco descompuesta y desorientada, en mi caso).

Todos conocen el nombre de Camilo José Cela, pero ¿quién era en realidad? Aparte de saber que recibió el premio Nobel en 1989, poco más sabía yo. Os cuento mis conclusiones después de una breve investigación:

Nació en El Padrón, La Coruña el 11 de mayo de 1916 y murió en Madrid el 17 de enero del 2002. Lo que yo ignoraba es que su madre era inglesa - italiana y que el segundo apellido de Cela era Trulock. Tuvo tuberculosis a los 15 años. Aprovechó su convalecencia para leer y leer.

Nuestro autor iba para médico, pero las clases de literatura Contemporánea de Pedro Salinas le llamaban más. De todas maneras la guerra civil le pilla. Cela no sólo era nacionalista (huyo a la parte nacional) sino que, una vez terminada la guerra, se postuló como censor e incluso delator para el régimen. Lo que choca con la censura que precisamente sufrió la obra que nos ocupa, La Colmena, que se publicó por primera vez en Buenos Aires en 1951 (en España en 1963 por orden de Manuel Fraga). O sea, que Cela usaba lo que tenía a su alcance para llegar a sus objetivos, la riqueza e influencia, con los instrumentos a su alcance y sin mucho escrúpulo. Sabiendo esto es casi increíble que le hayan dado en nuestro país, entre otros, el premio San Jordi de las letras (1986), el Prícipe de Asturias (1987) y el Planeta (1994).

Me da la impresión de que Cela dominaba el marketing personal, escandalizando y creando polémica en su justa medida, para que siempre se hablara de él. Un campeón de lo políticamente incorrecto. Ya sólo por esto, me gusta. Personalmente, me acuerdo cuando, de su mano, se incluyeron los tacos en el Diccionario de la Real Academia Española.

Por último, unas frases (ilustrativas) de Cela:
  • No es lo mismo estar dormido que estar durmiendo; porque no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo.
  • Lo malo de los que se creen en posesión de la verdad es que cuando tienen que demostrarlo no aciertan ni una.
  • A siete años de un suceso, el suceso ya es otro.
  • La muerte es dulce; pero su antesala, cruel.
  • La muerte es una amarga pirueta de la que no aguardan recuerdo los muertos, sino los vivos.
  • Hay dos clases de hombres: quienes hacen la historia y quienes la padecen.
  • Para escribir sólo hay que tener algo que decir.